El botín del descuartizador de Bangkok

José Muñoz tiene 85 años y se asoma al precipicio. Un juzgado ha solicitado la ejecución de su vivienda en Martorell (Barcelona). Una casa que figuró como aval de un crédito de 20.000 euros que pidió uno de sus hijos fallecido el año pasado. El préstamo fue concedido por una red especializada presuntamente en apropiarse de inmuebles a través de engaños. “Mi padre dice que quemará la casa si se la quitan”, advierte Ruth Muñoz, su hija.

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