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Anticorrupción acusa a Roca de blanquear 600.000 euros en premios.
A finales de los ochenta y principios de los noventa, los narcotraficantes gallegos disfrutaban de las inestimables ganancias de su actividad invirtiéndolas en propiedades inmobiliarias y coches de alta gama. Para reintroducir el dinero en el circuito económico legal, atendían una curiosa estratagema: compraban billetes premiados en juegos de azar, de tal forma que pagaban al intermediario el precio del premio y una comisión por su ayuda. Estos días, se ha iniciado en el juicio de «Malaya» un bloque dedicado a esclarecer el ingreso de más de 600.000 euros por parte de Juan Antonio Roca en diversas cuentas que su familia tenía en un banco de Los Alcázares (Murcia) dirigido por su cuñado, Antonio Jimeno. Y es que a veces blanquear es cuestión de suerte.
Según la Fiscalía Anticorrupción, entre marzo y septiembre de 2005, «en apenas seis meses», a la familia Roca «le habrían tocado cinco premios», por un importe total de 646.033 euros. Sin embargo, el propio exasesor de Urbanismo reconoció el lunes que había adquirido boletos premiados y dio toda una lección de cómo se maneja en estas lides: «Normalmente al intermediario se le paga una gratificación».
El único problema es que las cuentas eran de su hija María y de su esposa, María Rosa Jimeno, a las que, junto a su cuñado Antonio, ha arrastrado al banquillo de los acusados por blanqueo de capitales.
Aprendieron de la experiencia
Pese a ello, el lavado de dinero negro a través de juegos de azar es una práctica «tradicional, bastante en desuso», dice el vicepresidente del Sindicato de Técnicos de Hacienda (GESTHA), José María Mollinedo, una forma de blanquear que iniciaron los narcos gallegos y que tuvo su punto álgido con las investigaciones del juez Garzón al clan de Los Charlines, una familia a la que les tocó la lotería «de diez a doce o trece veces» en pocos años.
Que está en desuso es cierto, porque si se tiene en cuenta que Juan Antonio Roca pudo blanquear indiciariamente 670 millones de euros, 600.000 es una cantidad mínima. Su patrimonio, por otro lado, es superior a los 200 millones de euros.
«En los casos de corrupción política o el narcotráfico, quien blanquea no sólo no tributa, sino que evita la responsabilidad penal», apunta.
El que vende el billete, que puede ser el mismo agraciado o el vendedor, «recibe el importe del premio y la comisión, en torno al 10% de lo ganado. Si logra 300.000 euros, cobraría 330.000, y se piensa que no le van a coger, pero puede tener un problema», aclara. Es decir, no sólo tiene problemas el que blanquea, sino también el que vende el boleto.
Muchos problemas
«El billete está exento de tributar, pero puede encontrarse el vendedor con la papeleta de que Hacienda le reclame el origen del dinero y le pida que justifique la transferencia. Si no puede hacerlo, se le grava al tipo de la tarifa general, al 43% si hablamos de más de 50.000 euros, más los intereses de demora y una sanción mínima del 50%; de ahí hasta la máxima, del 150%, pudiendo cometer un delito fiscal si sobrepasa el fraude los 120.000 euros», detalla el técnico de Hacienda.
La compra de billetes de lotería es una práctica muy utilizada en las redes primarias de blanqueo, «de andar por casa», «porque además la doctrina jurídica al respecto está muy asentada. Es difícil creer que te pueden tocar cinco premios gordos», apunta.
Lo cierto es que el cuñado de Roca pensó que éste jugaba mucho –al igual que su mujer– y que, por eso, le tocó la lotería varias veces. Pero esta vez no hubo suerte.
Por eso, «se recurre al blanqueo a través de obras de arte, el ámbito inmobiliario o la ocultación de grandes sumas a través de paraísos fiscales», algunas de las formas presuntamente empleadas por Juan Antonio Roca para dar salida a su patrimonio, rodeado por cierto de una complicada maraña de sociedades.
La Opinión de Málaga. 11 de septiembre de 2011.
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